sábado, 23 de noviembre de 2013

Pamplonizando andamos.




Pamplona. Estoy seguro que ni un solo aficionado a los toros es capaz de no relacionar la palabra Pamplona con Encierro.
Impresionante.  Impresionante el acontecimiento mundial que tiene lugar cada año en la ciudad navarra. Cientos de miles de personas dispuestas a divertirse, emborracharse, desfogarse… acuden a la cita multitudinaria que aúna a cientos de nacionalidades.
Pero dejando a un lado lo adyacente y ya casi inherente a la fiesta taurina tenemos que hablar también de los miles de aficionados taurinos que
se desplazan para disfrutar de esas carreras delante de los astados, carreras por cierto cada vez más complicadas ya que en la actualidad el factor que menos peligro tiene aunque parezca mentira es el bous taurus o más conocido como toro.


Puntuales a la cita cada mañana se enfundan sus mejores playeros, sus pantalones marcados en las rodillas, su camiseta de la suerte y los más… su periódico en la mano. Entran en el recorrido donde viven auténticos momentos de tensión, de devoción, de nostalgia, de... se refleja en sus rostros y en sus pulsaciones, han esperado un año entero para esto y están ahí dentro a tan solo unos minutos de que suene ese estruendo que rompe el cielo y comience la batalla, empujones, codazos, puñetazos y los más honestos simplemente driblan a compañeros para “coger sitio”.
Es entonces cuando llega la manada, unos días compacta, otros días más desperdigada, los toros simplemente corren e incluso algunos días hasta buscan a los corredores, repito que incluso algunos días hacen por coger a los corredores. Apenas unos segundos en los que el corazón a unos se les paraliza y a otros les bombea con tal intensidad que es imposible saborear la experiencia al cien por cien hasta que pasa. Después todo se desvanece y la manada se aleja.
Increíbles los instantes vividos, cuantas sensaciones tan extremas al tiempo. Es realmente una experiencia única, una experiencia que se viene dando cita desde siglos atrás, una experiencia que sigue fiel a sus antepasados, que mantiene vivas sus raíces y las cuida y no tolera que nadie se entrometa e intente tan siquiera cambiar ni uno solo de los rituales que se suceden de manera consecutiva a lo largo del festejo.


Tal vez es que yo sea muy antiguo o poco tolerante pero me aspean de un modo abrumador todas esas personas que carecen de identidad propia e intentan plagiar la de los demás, me refiero a los que están proponiendo el término Pamplonizar como firme candidato a entrar en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.
Generalmente las iniciativas de Pamplonizar los festejos parten de las instituciones locales que sin ser conscientes de las consecuencias y sin saber de tradición, sentimiento, respeto y honra de sus antepasados se empeñan en imitar los únicos e inimitables encierros pamplonicas, y encima tenemos que aguantar que nos digan que solo están realizando pequeñas modificaciones en el festejo para optimizar el resultado.
Optimizar, eso es lo que necesitamos hacer con nuestra afición ponerse cada uno en su sitio y el aficionado en aficionado, el público en público y el imitador en …